La XXI Travesía Playas de San Javier no comenzó precisamente con buenas noticias. Desde primera hora de la mañana, el cielo aparecía completamente cubierto y el viento soplaba con fuerza, haciendo que más de uno mirase al mar con preocupación. Durante varios momentos se llegó a pensar que la prueba podría ser cancelada, ya que las condiciones no invitaban precisamente a lanzarse al agua.
Afortunadamente, el tiempo acabó dando una pequeña tregua. No fue una mañana perfecta ni mucho menos, pero sí suficiente para que la organización pudiera sacar adelante el evento. Los participantes tuvieron que enfrentarse a un mar exigente y a un viento persistente que les acompañó prácticamente durante toda la travesía. Las condiciones estuvieron lejos de ser ideales, y eso hizo que cada metro recorrido tuviera aún más mérito.
Desde mi posición como fotógrafo, también fue una jornada especialmente intensa. Como acostumbro en este tipo de eventos deportivos, llevé dos cámaras para poder tener siempre disponibles dos focales distintas sin necesidad de perder tiempo cambiando objetivos. En pruebas tan dinámicas como esta, cada segundo cuenta y muchas veces una fotografía sólo existe durante una fracción de segundo.
La luz fue otro de los grandes desafíos del día. Las nubes iban y venían constantemente, alternando momentos de cielos completamente cubiertos con otros en los que el sol aparecía con toda su fuerza. Esto obligaba a adaptar continuamente los ajustes de las cámaras para mantener una exposición adecuada. Como si eso no fuera suficiente, las fotografías de meta presentaban un complicado contraluz que terminó obligándome a sacar el flash para poder iluminar correctamente los rostros de los nadadores en el momento de cruzar la llegada.
Pero probablemente el momento más complicado de la mañana llegó durante la salida de la prueba de 4.000 metros. Situado cerca del agua para intentar captar la intensidad de los primeros metros de competición, una combinación de olas, viento y entusiasmo de los participantes acabó enviando una buena cantidad de agua directamente sobre una de mis cámaras. La cámara quedó completamente salpicada, incluida la lente frontal.
No quedó otra opción que salir corriendo hasta donde tenía el resto del material para intentar limpiar el objetivo como pude y regresar rápidamente a mi posición. Mientras tanto, la salida de los participantes de la distancia de 2.000 metros ya estaba en marcha, así que tocó improvisar y seguir trabajando con la mayor rapidez posible para no perder demasiadas imágenes.
Fue una experiencia que me recordó algo importante: aunque las cámaras actuales cuenten con sellado contra las inclemencias del tiempo, el mar es un entorno especialmente agresivo. La combinación de agua salada, viento y arena puede convertirse en un enemigo silencioso para cualquier equipo fotográfico. Para futuras ediciones tendré que plantearme alguna protección adicional, llevar siempre filtros UV instalados para poder limpiarlos o sustituirlos rápidamente en caso de salpicaduras, e incluso estudiar soluciones específicas para fotografía en entornos marinos.
Más allá de la competición, una de las cosas que más me gustó del evento fue el ambiente. La travesía mantiene ese carácter cercano y acogedor que resulta cada vez más difícil de encontrar en algunas competiciones multitudinarias. Deportistas experimentados compartían espacio con nadadores que simplemente querían disfrutar del reto personal de cruzar la distancia. Mientras unos se preparaban mentalmente para la salida, a pocos metros familias enteras disfrutaban de la playa, los niños jugaban junto a la orilla y los paseantes observaban con curiosidad todo el movimiento previo a la competición.
Ese contraste entre deporte, esfuerzo y ambiente veraniego crea una atmósfera muy especial. Como fotógrafo, no sólo busco capturar la competición, sino también esas pequeñas historias que ocurren alrededor: los nervios antes de la salida, las sonrisas tras cruzar la meta, los abrazos entre compañeros o las conversaciones relajadas una vez terminado el esfuerzo.
Quiero agradecer a la organización de la XXI Travesía Playas de San Javier su trabajo para sacar adelante la prueba a pesar de las complicadas condiciones meteorológicas. También quiero felicitar a todos los participantes por enfrentarse al mar en una jornada que, desde luego, no les puso las cosas fáciles.
Espero poder volver el próximo año para seguir documentando esta magnífica prueba y disfrutar nuevamente de su ambiente único.
Y si has llegado hasta aquí porque te gustan mis fotografías, recuerda que además de fotografía deportiva también realizo reportajes para bodas, comuniones y otros eventos sociales. Puedes encontrar más información en https://bodasycomuniones.es.
¡Nos vemos en la próxima aventura fotográfica!